Un beso como punto de encuentro, un te amo que parece eterno y dos almas que corrieron a su encuentro entre miradas que hablaban más que las palabras, más que el tacto entre sus dedos pero el cielo los vislumbra a destiempo y fue cuestión de unos tragos y el momento para que se desatara el infierno de semanas sin aliento, de momentos en los que el tiempo solo era un mortero para un corazón que pedía a gritos su regreso.
Tal día de celebración le fue dada la noticia de su caída, las palabras cansancio y termina marcaron el inicio de una etapa en su vida donde las emociones no se contendrían y su mundo de aislamiento se reafirmaría, no temía a la soledad ni a la desdicha si no al recuerdo del amor de su vida, fueron la distancia y su amiga la tecnología quienes la ayudarían a convivir con su agonía.
La leyenda de un hechicero que solo murmuraba sus «te quiero», un perdón por lo mucho que te quiero y por no sacarte de mis sueños, un te esperare en la estrellas, un me niego a los 14 de febrero y a imaginar tus labios en otro cuerpo, mil palabras y los ecos de sus lamentos en cada verso cantado por el viento.
Su encierro desahogaba su sufrimiento y la banalidad de buscar en otros el consuelo ocupaba su tiempo, los impulsos de positivismo por momentos la llevaron a consentir un encuentro con una conciencia que guiaría sus pensamientos y la música que lideró ese ejército llamado » te supero».